Los silencios de mi boca,
son los paréntesis que mi cuerpo
te regala en un momento determiando,
cuando las palabras rebasan
su cualidad lingüistica.
son los paréntesis que mi cuerpo
te regala en un momento determiando,
cuando las palabras rebasan
su cualidad lingüistica.
Punto final y comenzó la lluvia,
(aguacero aguacero)
yo miraba discretamente el reloj
(a tiempo estoy)
marcaba un atrevido sonido sexual
(de nuestro juego inmoral)
su tic tac era más que eso,
(el pulso de amor del segundero)
la lluvia marcaba el tiempo
nada lo sobrepaso
todo se hizo de noche
(ay, que nadie se moje)
todos se mojaron los labios,
la cabeza y también las manos.
Cerezas te pusieron en los ojos
acostumbrados a su perverso paseo nocturno
pero su sexy acompañante no apareció
y tuvo usted que desnudarse sola
(al acariciarse levemente
en medio de las piernas).
Todos temblaron de frío
(usted lo hizo de placer)
sus huesos se hicieron chiquitos
(en sus manos quedó la miel)
y los ojos más dormidos
(se pusieron en blanco los condenados)
esos meros, también lloraron.
(y de su garganta mejor ni hablamos)
Calor de sangre púrpura
(en la fiesta personal de las mujeres)
yo me enamore de tú perfume único
ese olor a lluvia de tu cuello
(dejándome un beso en el ombligo como sello)
de ese original sabor de Jacaranda
(usted es bien amada)
el propio color de tus pensamientos,
(sus senos sin mis labios se vuelven inquietos)
camino directo de luz ligera
(para recorrer a ciegas tu cadera).
Miraba impaciente mi reloj a oscuras
(entre sus piernas perdí la cordura)
las manecillas tampoco dormían
y tú, amor, soñabas a punto de día
final de la noche y aún llovía
(en la cama estabas, de un sueño complacida).





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